El problema era que tenías que seguir escogiendo entre
lo malo y lo peor hasta que al final no quedaba nada. A la edad de 17 la
mayoría de la gente estaba acabada. Todo un maldito país repleto de estúpidos
conduciendo automóviles, comiendo, pariendo niños, haciéndolo todo de la peor
manera posible. Yo no tenía ningún interés. No tenía interés en nada. No tenía
ni idea de cómo lograría escaparme. Al menos los demás tenían algo en la vida.
Parecía que comprendían algo que a mí se me escapaba.